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Un caso de ufología resuelto en Perú, el "Incidente Copello"

Reproducción
Durante la filmación de uno de los video clips de la cantante Anna Carina, objetos voladores no identificados fueron avistados.

Jaime Bedoya
Lima, Perú

Anna Carina Copello es una carismática y agraciada cantautora pop peruana que cuenta en su haber con el aval de dos elepés y una carrera musical intachable. Ella se inició en las canteras de Nubeluz, auspicioso programa infantil de sana influencia en la región andina. Su hermana María Pía incursionó también en la televisión para el público menudo, ganándose el cariño de los niños junto a un dinosaurio de espuma plástica como parte del binomio María Pía y Timoteo. Gente así no miente.

El 20 de mayo del año 2007, día domingo, se filmaba un videoclip de la última canción de Anna Carina Copello, intitulada Dame un segundo. La producción estaba a cargo de Elemental Studios, autora de celebradas producciones musicales. Pasado el mediodía, mientras filmaban unas tomas de apoyo en el pasaje de la Bolsa de Valores en el centro de Lima, el camarógrafo alzó la vista al cielo y se topó con un espectáculo estremecedor: miles de objetos voladores plateados discurrían serenamente, rumbo norte, por el cielo de la ciudad. El camarógrafo, presa de la emoción, fue prosaico al transmitirle la noticia por radio a su director: "¡Puta, hay miles de huevadas blancas en el cielo!". A plena luz del día, y con una cámara digital 24 P de alta definición, registró media hora de este fenómeno absolutamente inusual.

» Vea el video del "Incidente Copello"

Hasta ahí la historia ya era suficientemente extraña. Pero además, justo a ese mismo momento y desde otro punto de la ciudad, el centro comercial Las Malvinas, un equipo periodístico de ATV Canal 9 realizaba un reportaje sobre reducidores de objetos robados cuando su camarógrafo también decidió alzar la mirada al cielo. Lo mismo. Miles de esferas platinadas surcaban los aires. Habían dos registros simultáneos y diferentes del mismo avistamiento estelar. En los subsiguientes reportajes difundidos con tremendo material fílmico los periodistas hablaban de "movimientos coordinados" y "figuras que iban formando los puntos blancos en el cielo".

La ola de consecuencias propias de un avistamiento así, ya consignado como el "Incidente Copello", se dejaría notar con el transcurso del tiempo. La melodía del video clip, originalmente dedicada al padre de la señorita Copello, fue rebautizada popularmente como La canción de los Ovnis. Frente a la playa de la Herradura, en Lima, se creaba el Centro de Investigación Ufológica Anna Carina Copello, teniendo el honor de contarme entre sus fundadores. Y en su despacho de Santa Felicia, el profesor Anthony Choy, investigador de la posibilidad extraterrestre, hacía suya la pregunta con la que el reportero Francisco Landauro del Canal 9 cerraba otra nota sobre el avistamiento masivo: ¿estamos solos en el universo?

A Anthony Choy su relación con los ovnis se le manifestó entre tallarines. Le sucedió a los 33 años, un domingo luego de almuerzo familiar a base de pastas. Empezó a sentir un calor intenso en la cabeza, lo que las abuelas llamarían un soponcio, experimentando un éxtasis místico que tampoco descarta como un trastorno psicológico pasajero, malestar que también podría atribuirse a la ingesta excesiva de carbohidratos. Sea como fuere el asunto, Choy considera que a través de dicho trance tuvo acceso a un mensaje, una misión, la cual por ahora se cuida de no hacer público pues esta sujeta a constatación futura.

Tomando distancia de las organizaciones ufológicas existentes dadas al contactismo por el contactismo, Choy empezó su propia línea de investigación, imponiéndose como principio no trajinar más las típicas locaciones de Chilca y/o Marcahuasi, y asumiendo como lema una frase admonitoria proveniente de El enigma de otro mundo, película de ciencia ficción de los años 50: "vigilad los cielos".

En el año 2001, luego del avistamiento masivo de un ovni en La Molina que ameritaría la primera plana del diario El Comercio, la Fuerza Aérea del Perú se sintió presionada a tomar una posición oficial respecto al fenómeno. Motivado por experiencias vecinas, tales como la CEFAA chilena (Comité para el Estudio de Fenómenos Aéreos Anómalos) fundada en el 77, la CRIDOVNI uruguaya (Comisión Receptora e Investigadora de Denuncias O.V.N.I.) del 79, la FAP creó la OIFA (Oficina de Investigación de Fénomenos Aéreos Anómalos.), Choy fue uno de los civiles invitados a conformarla. Prontamente comprendió que este tipo de organizaciones, siguiendo la escuela desinformativa del plan Majestic 12 para cubrir Roswell bajo un manto de dudas, tienen un doble propósito. Mostrar lo intrascendente, ocultar lo importante. A pesar de ellos Choy pudo concretar al menos dos tareas sustanciales desde la OIFA. La primera, tomar contacto con el Incidente Chulucanas, avistamientos masivos en las inmediaciones del cerro Pilán en Piura, suceso aún sin explicación. Y luego, constatar que el avistamiento de La Molina, al que la OIFA le debía su existencia, no era otra cosa que el planeta Venus. Esto es lo que hace de Choy un ufólogo tan respetable como incómodo. Vigila pero no miente.

No pudo mentirme cuando en el transcurso de algunas visitas a su búnker en las alturas de Santa Felicia, en Ate, le solicitara sus conclusiones sobre el misterioso "Incidente Copello". Apertrechado en el ultimo piso de un edificio sin ascensor que perfectamente pasa inadvertido como centro de investigación extraterrestre, Choy -rodeado de cientos de testimonios de avistamientos grabados - desmenuzó el origen de las supuesta naves del Incidente Copello. Ningún radar los había detectado. Ninguna estación metereológica había lanzando sondas ese día. La explicación racional no aparecía por ningún lado. El caso se presentaba en forums ufológicos internacionales, se publicaban ensayos en torno a pel en revistas especializadas, a la vez que el Instituto Copello sesionaba regular e inocentemente.

Hasta que Choy recibió un correo electrónico de una airada señora: "¿Cómo es posible que engañaran a la gente con platillos voladores cuando yo misma he visto esos globos pasando por el techo de mi casa en Jesús María?". ¿Globos? ¿Quién en su sano juicio soltaría miles de globos plateados en la ciudad para engañar a todos los medios de comunicación y crear el pánico colectivo? Notando la dirección de estas supuestas naves, Choy estableció que iban de sur a norte. Trazó una ruta inversa, explorando al sur de la Bolsa de Valores, recorriendo clubes provinciales y canchas de fulbito en busca de algún evento que ameritara el hecho. Nada. Hasta que llegó hasta las puertas del Estadio Nacional de Lima, donde un memorioso portero recordaba perfectamente el evento que Choy como ufólogo preferiría que jamás hubiese existido, pero como investigador estaba feliz de haber encontrado. Sólo le quedaba aplicar el infalible principio de la Navaja de Occam: la solución más sencilla es probablemente la correcta.

El domingo 20 de mayo de 2007 se inauguró en el Estadio Nacional el Primer Campeonato Interdistrital de Fútbol con presencia de banda musical, autoridades deportivas y aproximadamente 40 niños llevando cada uno 100 globos perlados llenos de helio. Choy consiguió hasta el video de dicha inauguración. Llegado el mediodía y para celebrar la magna fecha deportiva, los globos fueron lanzados al cielo "cuales palomas de la paz", según palabras del locutor del evento. Los globos, llevados por el viento, alzaron vuelo hacia la tribuna norte del estadio, en dirección hacia la Bolsa de Valores. Rellenados de manera diferente entre sí, unos subían más lentos que otros, lo que explicaría luego las "piruetas" en el aire. Ya con cierta altura, 700 metros, según cálculos, el hule perlado reflejaba la luz solar como si de metal se tratase. Tal era el "Incidente Copello".

Ya era tarde en Santa Felicia y el relato en torno a la resolución del "Incidente Copello" había hecho que olvidáramos prender la luz en la oficina de Choy. Lejos de desilusionarme, la verdad no había logrado sino reafirmar la apremiante necesidad de creer en vida más inteligente que la nuestra. Tácitamente, el Instituto de Investigación Extraterreste Ana María Copello había quedado automáticamente desactivado. Como quien da un pésame, con una palmada en la espalda, Choy me acompañó hasta las escaleras, despidiéndome con su frase lema: "vigilad los cielos". Por hacerle caso, casi me abro el cráneo bajando las escaleras en medio de una cerrada oscuridad, pensando en cómo y cuándo llegar hasta Chulucanas.

» Hable con Jaime Bedoya

Jaime Bedoya G. M. nació en Lima, es periodista y escritor, ha publicado Ay Que Rico (Mosca Azul, 1991), Kilómetro Cero (Mosca Azul, 1995) y Mal Menor (Norma, 2004). Vive en el Perú.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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