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Bromas racistas y conflictos bioéticos

EFE
Luego de llamar a Barack Obama, "bien parecido, joven y además bronceado", Silvio Berlusconi no se retractó. Por el contrario, prefirió atacar "la falta de sentido del humor" de periodistas y políticos.

Vera Gonçalves de Araújo
Roma, Italia

"Él es bien parecido, joven y además bronceado". En menos de ochenta segundos la frase del presidente del consejo de ministros italiano Silvio Berlusconi, comentando la elección de Barack Obama, dio la vuelta al mundo. Provocando risas medio forzadas entre los que presenciaban la entrevista colectiva en el Kremlin, y vergüenza e indignación de muchos italianos, que no paraban de disculparse en los medios de comunicación.

Hay incluso un banner para ser incluido en sitios web, que dice "I'm Italian and prime minister Silvio Berlusconi is not speaking in my name", (soy italiano y el primer ministro Silvio Berlusconi no está hablando en mi nombre). (Yo habría escogido una frase menos formal, tipo "disculpen, él está senil.")

Un lector italiano escribió al New York Times resaltando: "no somos todos iguales a él". Otro explicó: "Berlusconi es sólo un reflejo del racismo que se respira en Italia". Para reconquistar un mínimo de la simpatía internacional, el jefe del gobierno italiano aprovechó la visita oficial del presidente de Brasil, Luiz Inazio Lula a Italia para mostrar simpatía: en la cena en la que se encontró con Lula, llegó rodeado por los jugadores brasileños de su equipo, el Milan. Elogió a Lula y declaró que siente envidia de él como defensor de los pobres: una frase que, dicha por uno de los hombres más ricos del mundo, no tiene mucha credibilidad.

Volviendo a la broma sobre Barack Obama, Berlusconi, esta vez, no desmintió sus propias palabras como suele hacerlo. Ni tampoco ofreció disculpas. Prefirió optar por un ataque directo a periodistas y a políticos que dieron realce a la falta de gracia y de diplomacia de su frase: "Esos de ahí que me critican no saben lo que es sentido del humor; son unos imbéciles y unos coglioni".

"Coglione" es uno de los adjetivos predilectos del primer ministro italiano, que usó hasta el cansancio para definir a sus adversarios políticos y a los electores de izquierda. Es el modo más grosero y chulo que la lengua italiana ofrece para decir "cretino".

Volviendo de Moscú, en una colectiva en Bruselas, perdió la calma cuando Steve Scherer, periodista americano de la agencia Bloomberg, le preguntó si le había pedido disculpas a Obama. Berlusconi respondió con agresividad: "Tú también estás en ese grupo (de imbéciles y coglioni). Pídele disculpas a Italia". Sólo faltó acusar a Steve de ser un peligroso comunista.

Berlusconi empezó mal con el nuevo presidente de los Estados Unidos, pero el Vaticano también ya dio señales de que no le está gustando el hombre más amado del planeta. Las recientes declaraciones del cardenal Javier Lozano Barragán, el ministro de la salud de la Santa Sé, probaron que Benedicto XVI debe haber rezado mucho por la victoria de John McCain. El cardenal se declaró preocupado por la actitud de Barack Obama sobre la suspensión de la prohibición de investigaciones médicas con células embrionarias.

El nuevo presidente de los EE.UU. defiende la vigente ley del aborto en su país y las investigaciones con todos los tipos de células tronco, y en los dos casos se choca con la doctrina católica de la bioética. Benedicto XVI apreciaba mucho las posiciones del protestante George W. Bush sobre esos asuntos. Pero la diplomacia vaticana ya sintió que va a tener que cambiar de alianzas y de política internacional, en la nueva fase abierta por la elección de Barack Obama.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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