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The New York Times
Thomas L. Friedman
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Thomas L. Friedman
De The New York Times
ISLA DEL JEFE, Botsuana - Si se viaja lo suficiente y lo suficientemente lejos -como por avión a Johannesburgo, en avioneta al norte de Botsuana y después en un hidroavión para acuatizar muy dentro del Delta Okavango- todavía se puede encontrar. Es ese lugar especial que en los mapas medievales habría estado sombreado en negro y marcado: "¡Aquí habría dragones!". Sin embargo, en la era posmoderna, es el lugar donde mi BlackBerry, mi computadora portátil inalámbrica e incluso mi teléfono satelital me daban el mismo mensaje: "No hay servicio".
Sí, Dorothy, en alguna parte sobre el arco iris, aún hay una "Tierra del No Servicio", donde las únicas "redes" las hacen las arañas, donde la única "red" es la que rodea tu cama para mantener fuera a los mosquitos, donde los únicos "timbres" al amanecer son los alaridos del pigargo africano y los babuinos, donde el único GPS pertenece a la leona que instintivamente mide las distancias entre ella misma y el antílope que espera será su siguiente alimento, y donde "conectividad" se refiere sólo a la intrincada cadena alimenticia que vincula a los depredadores con la presa, y sostiene a este ecosistema sorprendente.
Confieso que llegué con suficientes aparatos para sólo estar conectado al correo electrónico muy poquito tiempo. No estaba buscando la Tierra del No Servicio. Sin embargo, los administradores del Delta del Okavango y el Fondo de la Vida Silvestre -una organización sudafricana de conservación que organiza safaris para apoyar su trabajo de restauración de la naturaleza- toman a la vida silvestre muy en serio. El personal de nuestro campamento en el extremo noroeste de la Isla del Jefe, la mayor en el delta, sí tenía un radio, pero los únicos otros sonidos que se escuchaban provenían de la orquesta sinfónica de la madre naturaleza, y la mano de Dios pintó los únicos paisajes, puestas de sol y combinaciones de colores.
Así que, nos guste o no, llegar aquí obliga a pensar en las bendiciones y desgracias de la "conectividad". "No hay servicio" es algo por lo que pagan los viajeros del mundo desarrollado para poder escapar de la modernidad, con su bola y cadena del correo electrónico. Para gran parte de África, no obstante, "No hay servicio" es una maldición, porque sin conectividad, su pueblo no puede escapar de la pobreza. ¿Puede haber un equilibrio entre ambas?
Lo primero que nota el turista que normalmente está sobreconectado en la Tierra del "No hay servicio" es lo rápido que mejoran el oído, el olfato y la vista en un acto de evolución darwinista instantánea. Es impresionante lo bien que se puede oír cuando no se tiene un iPod en los oídos o qué tan lejos se puede ver cuando no se entornan los ojos frente a la pantalla de una computadora.
En la vida silvestre, la diferencia entre oír y ver con agudeza es la diferencia entre la sobrevivencia y la extinción para los animales, y la diferencia entre las experiencias gratificantes y la oportunidad perdida para fotógrafos y guías.
Fue nuestro guía el que detectó un antílope a medio comer, en la parte más alta de un árbol, que atrajo nuestra atención hacia su depredador, un leopardo hembra, tranquilamente lamiéndose las patas ahí cerca y bostezando a causa de su comida de mediodía. El estómago de la felina subía y bajaba, aún digiriendo a la presa. El leopardo había sofocado al antílope- aún se podían ver las marcas en el cuello- y después lo había arrastrado a la cima del árbol, sosteniéndolo con la quijada y colocándolo perfectamente en la V entre dos ramas. Y allí colgaba, con la cabeza hacia un lado, las patas delicadas hacia el otro, sin la mitad de la parte media que se comió el leopardo. El resto sería el almuerzo del día siguiente, almacenado muy en lo alto donde las hienas no podrían alcanzarlo.
Sin embargo, mientras que mantener el "No hay servicio" en la vida silvestre es esencial para el ecoturismo en África, el resto del continente necesita desesperadamente más conectividad. Eric Cantor, quien maneja el Laboratorio de Aplicaciones de la Fundación Grameen de Uganda, explica la gran diferencia que pueden marcar los teléfonos celulares y el acceso a Internet para los africanos: "Un cultivador de plátanos que antes estaba limitado a esperar a que pasara por su huerto un camión que comprara la cosecha de la semana, ahora puede usar un mercado de telefonía celular para anunciar la disponibilidad de su inventario o buscar compradores que pudieran estar en el mercado o que tengan un transporte disponible para un mercado más grande", dijo Cantor. "También pueden comparar los precios vigentes para tener más poder de negociación. Los adolescentes demasiado apenados para preguntar a los padres sobre las causas y los síntomas de enfermedades de transmisión sexual pueden investigarlas en privado y mejorar su propia salud. Una agricultora sin dinero que necesita un remedio para una peste que ataque su cosecha principal puede encontrar uno que requiera materiales localmente disponibles cuando lo necesite".
Por fortuna, Botsuana, más o menos del tamaño de Texas, tiene suficientes diamantes para poder convertir 40% de su territorio en reserva natural. Su conectividad urbana con los mercados mundiales de diamantes le permite mantener el "No hay Servicio" en la vida silvestre. En contraste, Zimbabue se ha convertido prácticamente en un país de "No hay Servicio" tras décadas de la dictadura de Robert Mugabe, y, como resultado, tanto el pueblo como la vida silvestre son especies en peligro de extinción.
Entre más países africanos en los que el "No hay servicio" puede ser una opción y no un destino -una oferta que pueden disfrutar los ecoturistas, no una condición que los emprendedores tienen que superar-, hay más esperanza de que este continente pueda mejorar sus maravillas naturales y a sus pueblos al mismo tiempo.
Terra Magazine