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La política de lo descartable

Getty Images
Largas colas de personas aguardaron, incluso por varios días, para adquirir el más reciente iPhone. Un nuevo dispositivo descartable...

Eduardo Tessler
Porto Alegre (Brasil)

El modo de vida americano está contaminando el mundo. No alcanzaba con los fast-foods que ya se han instalado en los principales puntos turísticos del mundo dejando de lado el encanto de la comida local, ahora lo que se destaca, hasta en América Latina, es la política de "¿Se le rompió? Tírelo y compre otro".

Las interminables filas para la compra del iPhone 3Ghace un par de semanas dejaron claro que la seducción que ejercen los gadgets sobrevive incluso a las crisis económicas más grandes. En apenas tres días, Apple vendió un millón de unidades en más de 20 países. ¡¡¡Un millón!!! La primera versión de iPhone el año pasado también se convirtió en fiebre: hubo personas que se pasaron dos días haciendo fila, pero se necesitaron 74 días para llegar al primer millón de ventas.

Un millón es un marca que no deja dudas. Es como si de repente en Brasil una ciudad como Campinas se comprara un teléfono celular por cada habitante.

Es cierto que el iPhone es más que un simple celular: es cámara fotográfica, agenda electrónica, MP3, MP4, y sirve también hasta para hacer recordatorios. Un detalle: el iPhone no se entrega con manual de instrucciones, todo es autoexplicativo.

La previsión es que esta maquinita no llegue a Latinoamérica hasta fines de este año, posiblemente cuando la marca ya haya superado los dos o tres millones de unidades. Mientras tanto Brasil ya está recibiendo la política de lo descartable. Ya no existen, por ejemplo, comercios que reparen paraguas, que hasta fines del siglo pasado se encontraban en todas las grandes ciudades. Después de todo, un paraguas nuevo cuesta tres dólares, o tal vez menos.

La semana pasada se me rompió el cierre de mi valija preferida. Normal, teniendo en cuenta el descuido con que las compañías aéreas tratan el equipaje de los pasajeros en sus vuelos. Pues fui hasta el local de un zapatero (otra profesión en desuso por la política de lo descartable) y le solicité la reparación. Por suerte también pedí un presupuesto antes de autorizar el trabajo: ¡casi 40 dólares! Intenté regatear un poco y el profesional argumentó que no tenía modo de bajar el precio, que el costo del material no sé qué, que el alquiler del taller no sé qué más, que subió la energía eléctrica, esas cosas.

Resultado: dije que no. Me llevé la valija con el cierre roto y me fui hasta el supermercado a comprar comida. Al pasar por el sector de carteras y equipajes, me detuve ante una valija semejante a la mía. Made in China. Precio: ¡25 dólares! O sea, me quedé con una valija totalmente nueva y además ahorré quince dólares...

Esta política de lo descartable hace que en los Estados Unidos un ciudadano no piense siquiera en cambiar la batería de su reloj pulsera. ¿Se acabó? Se tira el reloj entero y se compra otro. Pruebe cenar en la casa de un americano tipo. Los platos son descartables, los tenedores también, al igual que los vasos. ¿Y la comida? Comprada hecha, calentada en el microondas. Postres de supermercado. Y servilletas de papel. O sea, todo descartable, sin el menor toque personal.

Con esta ola de descartables el único que sufre es el medio ambiente. Al final, ¿dónde se puede reciclar esa cantidad de residuos de todo tipo?

La semana pasada se rompió el glaciar Perito Moreno en el extremo sur de Argentina continental, en pleno invierno. Hay pingüinos paseando por las playas brasileñas de Rio Grande do Sul. El oso polar ya no es el único ser vivo del Polo Norte. Todo está cambiando. ¡Hasta hay filas kilométricas para comprar el iPhone 3G!

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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