
Naief Yehya
Nueva York, Estados Unidos
El tercer largometraje del cineasta mexicano Gerardo Naranjo, Voy a Explotar, cuenta la frenética relación amorosa de una pareja de jóvenes de quince años de la provincia mexicana.
Voy a explotar ha recorrido algunos de los festivales más prestigiosos del mundo donde ha tenido muy buena recepción del público y la crítica, quienes celebran su energía adolescente, su vitalidad y hasta su denuncia de la clase política mexicana. Tuvimos la oportunidad de conversar con Naranjo y el actor Daniel Giménez Cacho.
Terra Magazine ¿Cómo sitúas tu película en el contexto del cine mexicano actual?
Gerardo Naranjo: Definitivamente yo estaba muy consciente que quería hacer un cine que fuera en contra del cine naturalista, una corriente interesante y que está de moda, pero que no es lo mío. Me encanta el cine de Reygadas, quien creo que es el mejor director de cine que hay en México hoy, pero también pienso que ese cine es una trampa. Creo que el cine puede tener distintas formas y debe ser algo que podamos usar y manipular. Yo no quería hacer un filme soviético, a mí no me interesa la contemplación. En el espíritu de los jóvenes protagonistas quería hacer algo que respetara el punto de vista de los muchachos, por lo tanto hay un acercamiento fársico al comportamiento de los adultos y si bien yo sabía que estaba haciéndolos verse como idiotas creo que pero al mismo tiempo sentía que era necesario presentar a los adultos desde su percepción, como seres odiosos.
Uno de los grandes méritos del filme son las actuaciones de los protagonistas. ¿Cómo seleccionaste a De Santiago y a Deschamps?
Para reclutar a mis actores montamos una operación que duró seis meses en la que enviamos a un grupo de adolescentes a las escuelas a buscar candidatos. Como es obvio yo no puedo ir a la salida de las escuelas a tratar de reclutar niñas para hacer una película. Entonces estos muchachos con una cámara de video les preguntaban tres preguntas muy sencillas a los jóvenes que veían con cierto potencial. ¿Cuál ha sido el momento más feliz de tu vida?¿El más triste?¿Qué tal fue tu primer beso? Y de todas las respuestas que recibí los únicos dos que no estaban para nada interesados fueron María y Juan Pablo. Vimos como a tres mil candidatos, fue la parte más difícil de hacer la película.
Algo que resulta un poco confuso es que si bien los jóvenes se rebelan contra sus padres y aparentemente contra lo que éstos representan, resulta paradójico que optan por esconderse en la azotea de la casa familiar y no huyen.
Yo creo que el filme habla acerca de la clase alta mexicana, de la clase privilegiada que ha hecho su fortuna y debe su poder a la política. En este caso es un ejemplo de un político corrupto e hipócrita, como hay tantos, y son bien conocidos. Román viene de una familia adinerada de políticos, y tiene ideas de subversión y anarquía, sin embargo no las lleva a las últimas consecuencias. Maru también trata de romper con lo establecido, que es aceptar cualquier ideología que se le imponga, que sea política o religiosa. Pero la rebelión tan sólo llega a la azotea de la casa.
Terra Magazine ¿Qué fue lo que te atrajo de este proyecto?
Daniel Giménez Cacho: Para mí era importante participar en esta película ya que ahora estamos viviendo en México un auténtico renacimiento de ideas y valores de derecha, conservadoras y retrógradas, que regresan desde lo más profundo de nuestra cultura. A mi me dio mucho gusto entonces el haber tenido esta oportunidad de dar este punto de vista, muy cercano a esas ideas reaccionarias, desde adentro, desde la casa de este político, esto es distinto a hacer una crítica desde afuera. Y se trataba de entender la relación entre este padre y su hijo, la ausencia de comunicación y de cualquier otra cosa. Además tuve la oportunidad de trabajar con mi compañera Rebeca Jones, con quien me entiendo muy bien y compartimos muchas ideas y perspectivas, por lo que fue muy agradable. Pero aún no veo la película, tengo mucha curiosidad de ver cómo quedo. En Venecia tuvo muy buena recepción ente el público.
Una historia de complicidad trágica
La historia, que fácilmente podría ser percibida como una especie de Bonny y Clyde con ecos godardianos de Sin aliento (Au bout de souffle, 1960) y Pierrot el loco (Pierrot le fou, 1965) tiene un tono histérico y archireferencial que desafortunadamente evoca la influencia de Tarantino.
Por un lado tenemos a Román Valdez (Juan Pablo de Santiago), un muchacho rebelde, irresponsable e indiferente que responsabiliza a su padre, un político conservador y corrupto guanajuatense (se entiende panista) por el accidente en que murió su madre. Por el otro está Maru (María Deschamps), una joven clasemediera, con tendencias antisociales y un precoz problema de alcoholismo, que vive con su madre y hermana. Maru es la única estudiante que durante un festival escolar aprecia y aplaude el sketch que lleva a cabo Román: ¿Nos vemos en el infierno¿, en el que simula ahorcarse frente a los padres de familia y sus compañeros. Román y Maru se enamoran perdidamente y él decide robarse un coche para huir con su novia.
Sin embargo, su escape no llega demasiado lejos ya que aprovechando que su casa está sola regresan a ocultarse en la azotea, donde acampan con todos los privilegios del hogar, incluyendo un suministro inagotable de alcohol y comida, mientras observan con sorna a sus padres buscarlos desesperadamente. El padre de Román manipula a la madre de Maru, la embriaga y la convence de no dar parte a las autoridades, por temor a que el escándalo tenga consecuencias en su carrera política.
El territorio es fácilmente reconocible, las claras citas a la nouvelle vague, se suceden puntual y previsiblemente, el político, interpretado por Daniel Giménez Cacho, es una colección de clichés al igual que la madre de Maru (Martha Claudia Moreno) es un amasijo condescendiente de convenciones. Esto, de acuerdo con el director, fue una decisión que él tomó para mostrar a los adultos desde el punto de vista de los jóvenes, como seres ridículos y unidimensionales. Si bien esta perspectiva puede ser válida, el hecho de ver a los personajes sean caricaturizados hace por momentos inverosímil la trama y las consecuencias de la subversión se vuelvan predecibles.
Naranjo funde géneros al mezclar el cine de rebelión adolescente con el road movie, la comedia y el melodrama, sin embargo el filme parece perder energía a medida en que se aproxima a su tercer acto. Por supuesto que hay elementos que hacen compleja y rica la narrativa, como la ambigüedad de la relación sexual entre los protagonistas, el deseo y la repulsión de Maru, así como su corte de pelo que parece ser un rechazo a la feminidad y posiblemente una expresión de envidia a Román.
El romance es titubeante, incómodo y a menudo soso, por tanto sorprendentemente Romeo y Julietarealista. La realidad es que más que ser otra versión de , estamos ante una rebelión inspirada por los medios que se torna accidentalmente en una historia de complicidad trágica.
Terra Magazine