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Miguel Bustamante/Terra Perú
Magaly Medina había sido enjuiciada más de una decena de veces por diversas personalidades del espectáculo.
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Marcel Velázquez Castro
Lima, Perú
"Mamá no te preocupes (sollozos)... Yo soy responsable de mis actos". Con el rostro desencajado, la voz quebrada y las lágrimas destruyendo su recargado maquillaje, Magaly Medina declaró por teléfono a un programa radial desde la carceleta del Poder Judicial. Momentos antes había sido trasladada con esposas en las manos desde el Vigésimo Séptimo Juzgado Penal de Lima, donde escuchó su sentencia.
La reina de la televisión peruana vestía un saco beige claro, y una pañoleta verde, que combinaba, fiel a su estilo, con su pelo pintado de rojo y sus grandes lentes negros. Su pequeña figura se desplazaba rodeada de gordinflones policías judiciales y un enjambre de asombrados fotógrafos. Ella saludaba nerviosamente, tenía la mirada perdida, no terminaba de aceptar que estaba viviendo la peor pesadilla de su exitosa carrera televisiva.
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Magaly Medina había sido enjuiciada más de una decena de veces por diversas personalidades de la televisión y del espectáculo. Reinas de belleza, modelos, vedettes, cantantes, actores, estrellas televisivas, conforman la larga lista de quienes quisieron infructuosamente silenciarla o ponerla entre las rejas. Algunos de ellos fueron: Deborah de Souza, Augusto Polo Campos, Susana Umbert, Ernesto Pimentel, Juan Martín Mercado, Gisela Valcárcel, Yesabella, Mónica Adaro y Rosa Elvira Cartagena.
Hace algunos meses, el futbolista Paolo Guerrero le había entablado un juicio por difamación. Magaly había declarado en su programa televisivo que el "Bombardero" había salido del restaurante Friday¿s con una conocida modelo en la madrugada anterior al partido contra Brasil. La Jueza María Teresa Cabrera Vega consideró que se había configurado el tipo penal y condenó a la "chola power" de la televisión peruana a cinco meses de prisión efectiva y a su productor Ney Guerrero a tres meses. Ambos deberán pagar al jugador una reparación civil de 80 mil soles por los daños causados al jugador.
"Estoy siendo utilizada como una especie de cortina de humo". Este es el último dardo envenenado de Magaly Medina. Es harto sospechoso que se produzca una sentencia de esta naturaleza que ya acapara y acaparará todas las portadas de los medios por semanas en pleno escándalo por los petroaudios que mantienen en jaque al gobierno aprista por sus vínculos con la corrupción. Se aprisiona a la urraca para que las ratas puedan escapar.
"Yo siempre decía que a Santa Mónica tarde o temprano iba a caer, y así es, hoy estoy yendo para allá". No hay ni pizca de arrepentimiento ni resignación, ella se refugia en el reino que fundó: el cinismo. Ella destruyó la hipocresía y las maneras melosas de la televisión peruana, forjó un nuevo orden donde todo valía y donde ella se arrogaba la posición de juez que no creía en sus valores, que desocultaba la podredumbre privada para frivolizarla.
Ella es el producto más genuino de la televisión peruana, la que siempre controló la agenda del espectáculo, la creadora de Chollywood. Por ello, sus miles de fanáticos esperan que enfrente esta circunstancia con la gracia y el desparpajo que la caracterizan. Debe convertir sus días en el penal en un espectáculo melodramático y recuperar la distancia irónica. Su sonrisa burlona no puede torcerse en esta hora difícil.
Sus miles de enemigos en la farándula y los intelectuales "políticamente correctos" se regocijan con la sentencia. Ellos recuerdan que "quien a hierro mata, a hierro muere", pero no comprenden que Magaly Medina es nuestro más entrañable Frankestein, la conjunción de la trasgresión criolla y los códigos del espectáculo global. Por otro lado, decenas de fanáticos se manifestaron en las puertas del Palacio de justicia exigiendo su libertad. La batalla recién comienza, el Perú está dividido.
Hace un mes había sido elegida el "personaje popular" más poderoso del Perú en la Encuesta Anual de APOYO. Hoy, ella misma es la víctima de su política del "ampay". Magaly Medina condensa los sueños, los deseos y las frustraciones de millones de televidentes, su ausencia en la hora estelar generará un vacío existencial en la sociedad peruana. Ella no estará en su programa televisivo, pero la sociedad del espectáculo que ella tanto contribuyó a crear no la abandonará.
El Poder Judicial del Perú acaba de escribir otra página vergonzosa en su largo expediente de infamias. Muchas veces se deja libre a los narcotraficantes, a los empresarios corruptos, a los violadores, pero hoy se ha decidido sacrificar a Magaly Medina para distraer a la opinión pública de los graves delitos de corrupción que alcanzan al corazón aprista del gobierno.
Terra Magazine