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La historia sin fin en Colombia

AP
Militares colombianos con Bernardo Mosquera, alias 'El Negro Antonio', guerrillero de las FARC.

Antonio Morales Riveira
Bogotá, Colombia

Por estos días llegó a mis manos un ejemplar de la edición facsimilar del "Correo del Orinoco", el periódico publicado en Angostura y dirigido por Simón Bolívar y en el cual el Libertador, del 27 de junio de 1819 hasta el 23 de marzo de 1822, dejó para la historia buena parte de las ideas y la crónica de los hechos que se produjeron durante la campaña libertadora. Con ánimo desprevenido tomé el mamotreto de 550 páginas y me adentré en la apasionante lectura de decretos, manifiestos, cartas y comentarios de diversos autores. Metido en el delicioso recorrido histórico, palpé una vez más que los temas y contradicciones propias de la época de la Independencia, siguen siendo los mismos de ahora en Colombia.

En los mismos escenarios, aparecen en un ayer que hoy se repite, la guerra, la paz, el indulto, la beligerancia, la humanización del conflicto, el desplazamiento forzado. Página tras página, va surgiendo una sonrisa dolorosa al comprobar que todo se repite como un destino irónico de un país que no mira para atrás y que condena su futuro a los designios del avestruz o de la serpiente que se come su propia cola. El libro editado por Gerardo Rivas Moreno es pues toda una paradoja en la cual se suman nuestra grandeza y nuestra pequeñez, expresadas en un conflicto al que después de 180 años no se le ha encontrado ni el principio del fin.

Juzgue pues el lector, en esta apretada síntesis, si aun después de la Independencia, seguimos viviendo en una segunda Patria Boba, como se llamara a esa tonta etapa de la historia de Colombia entre 1810 y 1819, en la cual se hizo todo lo posible, a puntas de canibalismo y desacuerdos, para que se restableciera la colonia española. Hasta que en 1819 Bolívar acabó con la dominación. Veamos, pues.

La guerra (20 de noviembre de 1819): "Granadinos todos, si cada uno de vosotros no contribuye a sostener la Patria de la manera que vuestro estado lo exigen de rigorosa obligación, contad con que se repetirán en vuestro país horrores y escenas de sangre más espantosas que las que habéis visto ejecutar". Santander.

La paz (2 de septiembre de 1820): "La prolongación de la guerra solo exigirá de nuestra parte, para terminarla, sacrificios muy inferiores a los que ya hemos hecho. Sed por fin cuerdos". Bolívar.

La guerra irregular (24 de junio de 1820): "El objeto del General no debe ser combatir sino vencer; y que por consiguiente han de preferirse los medios más eficaces para ello. Conforme a esta máxima, mientras que parte de nuestro ejército descansa y se reorganiza, el resto se ha ocupado principalmente en molestar las avanzadas del enemigo, y que con frecuencia se tiene noticia de las operaciones de nuestras guerrillas". Ejército de Venezuela.

El indulto (12 de febrero de 1820): "Gozarán de este indulto todos los que al tiempo de su publicación se encuentren presos o arrestados en las cárceles públicas o cuarteles, siempre que la causa de su prisión no sea alguno de los delitos que se exceptuarán...". Francisco Antonio Zea, Presidente del Congreso.

Desplazamiento forzado (10 de junio de 1820): "Habitantes del Río de la Hacha: Nosotros os hablamos con una franqueza fraternal: regresad a ocupar vuestros hogares para que atendáis a vuestros intereses, y para que gocéis de la tranquilidad que no podéis encontrar en los bosques ni entre vuestros enemigos". Luis Brion.

La legitimidad y la justicia privada, (12 de agosto de 1820): "La autoridad es el derecho de mandar unido al poder de hacerse obedecer. El derecho debe ir siempre acompañado del poder, porque el efecto de la autoridad cesa inmediatamente que el poder falta. Mas la autoridad no debe tener otro poder que el de los individuos con quienes se emplea, y estos no lo dan sino mientras la autoridad obra a su placer y en favor de todos. La autoridad supone pues, el consentimiento de aquellos con quienes se emplea, y cuando el consentimiento cesa, el poder debe cesar también, y la autoridad desaparece, a menos que el que la tiene en su mano no se valga de una fuerza extraña y propia solo de él mismo". Enviado por La Gaceta de Cuba

Cese al fuego y reconocimiento de la beligerancia (25 de noviembre de 1820): "Nos han convidado a un armisticio cuyo objeto parecía ser la paz de América. Un armisticio semejante sin ofrecer siquiera el reconocimiento de nuestro Gobierno, es demasiado perjudicial a los intereses de la República cuando ella se lisonjea de un triunfo final y completo según todas las probabilidades." Bolívar.

Humanización del conflicto, (23 de diciembre de 1820): "Deseando aprovechar el primer momento de calma que se presenta para regularizar la guerra que existe entre ambos Gobiernos, conforme a las leyes de las naciones cultas y a los principios más liberales y filantrópicos, los gobiernos de España y Colombia han convenido en nombrar Comisionados que estipulen y fijen un Tratado de Regularización de la Guerra...". ( Pablo Morillo y Antonio José de Sucre).

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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