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AP
"Que nos vendan hoy la peregrina idea de que el 80% del país está con Uribe o con el uribismo, a muchos nos suena a auténtica 'carreta', que en buen idioma vernáculo es una mentira confirmada".
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Antonio Morales Riveira
Bogotá, Colombia
A un año de que termine el segundo período del presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, y frente a la posibilidad de que a través de cualquier trapisonda pseudo jurídica -y en consecuencia inconstitucional- el presidente populista de extrema derecha se haga reelegir para un tercer período, un balance de sus siete años en el poder, puede resultar bastante negativo, para él, y sobre todo para el pueblo colombiano.
Dentro de su doctrina de seguridad democrática, columna vertebral de su ejercicio del poder, se supondría que el presidente Uribe debería haber acabado con la guerrilla de las FARC, como lo prometió, como lo dijo de manera explícita cuando afirmó que "estaba jugado" para terminar con el movimiento insurgente que supuestamente asesinó a su padre. Metido todo el país en su venganza personal, aun así no se ha logrado darle la estocada final a la guerrilla.
Los análisis del momento sugieren que por el contrario, las FARC definitivamente han tomado un segundo aire y que una aplastante derrota militar, hoy no tiene posibilidad alguna, a pesar de toda la ayuda militar gringa y de la instalación de equipos y militares norteamericanos próximamente en siete bases militares colombianas. Esa tarea, la más importante, su propio destino histórico, no lo va a poder cumplir.
De otro lado, seguramente Uribe se enfrascará en los dos próximos meses en la obsesión de hacerse reelegir con o sin el referendo pedido y que agoniza en el Congreso, pateado por los propios partidos uribistas, dedicados en vísperas electorales al clientelismo, la compra de votos y las nuevas alianzas con los nuevos paramilitares. Consecuencia todo de esa "doctrina" de Uribe que ha incrustado en el corazón del país a los grupos armados de narcotraficantes y de extrema derecha, que ejercen a expensas del gobierno una nueva "seguridad mafiosa".
Sin embargo, a Uribe de cierto modo le ha ido bien en la guerra, lo cual no quiere decir que la haya ganado. Bien, porque logró amarrar y utilizó ingentes cantidades de dinero del presupuesto nacional en esa guerra sin solución. Ha contenido a la guerrilla, pero su deseo de ponerla a negociar en condiciones favorables al establecimiento, no se ha dado. Pero le ha ido mal en derechos humanos a pesar de los trabajos de propaganda e imagen. Mal en la contención de la corrupción desbordada, desde la parapolítica que es una gran expresión de corrupción, hasta la intervención por parte del DAS (inteligencia del Estado) a los líderes de los partidos de oposición.
Y mal, pésimo, le ha ido en lo social: el pueblo colombiano vive, en porcentajes enormes, en condiciones de miseria absoluta mayores que antes de Uribe. Mal con el desplazamiento forzado que ha sacado de sus hogares en el campo a cuatro millones de colombianos, tan mal que el Gobierno ahora los llama migrantes, tapando el sol con las manos, como cuando Uribe aun insiste que en Colombia no hay una guerra, en la cual los neo paramilitares de extrema derecha son quienes más desplazan campesinos.
En materia internacional, con los vecinos a Uribe le va peor cada vez, tenga quien tenga la razón. Y Bush ya no está. Y mal en política ahora que se le fragmentó su dominación en el Congreso. Y la lista de sus males puede seguir, auscultando ministerio tras ministerio, proyecto tras proyecto... Uribe le quedará debiendo al país el atraso en materia social, en infraestructura y la larga saga de corrupción, neo paramilitarismo y violaciones de los derechos humanos disparadas.
Los continuos roces con los vecinos, a Colombia a la larga le pueden salir muy caros. En materia económica, nadie lo pone en duda; en materia política, se ha visto a Colombia aislándose cada vez más de sus vecinos y hermanos, para defender los intereses del gran tío gringo. Los problemas no serán tan solo con Chávez y Correa. Ya vemos que las relaciones se enturbian con países como Chile y Brasil y es un campanazo de lo que puede pasar, el hecho mismo de que le haya tocado al presidente Uribe salir corriendo a tratar de echarle el cuento a siete presidentes. Para a su vez, tratar de arreglar un daño que ya está hecho.
La desconfianza hacia Colombia empieza a crecer en la región. Y lo que se destruye rápido en medio de una política exterior torpe y a veces inexistente, le costará mucho a Colombia reconstruir. La política exterior no se puede manejar como una finca, donde se llama a los peones a explicarles por qué se necesitan fuerzas militares legales e ilegales para contener a la guerrilla. Rio de Janeiro o Santiago de Chile no son la finca del Ubérrimo, enorme hacienda del Álvaro Uribe en pleno territorio paramilitar del departamento de Córdoba.
Hay muchos sectores colombianos que están mostrando "fatiga" uribista. Además de todos los sectores políticos de oposición y no pocas fuerzas de la propia entraña de Uribe. Por ejemplo una amplia burguesía nacional, que compró hace siete años un proyecto de derecha republicana, de seguridad republicana, y no un proyecto de extrema derecha que lesiona las instituciones y los estamentos mismos de la república, que es en lo que se ha ido convirtiendo el uribismo. Al punto que hoy una nueva tesis delirante del uribismo hace camino para reemplazar la democracia. Se trata de lo que Uribe llama "El Estado de Opinión" es decir un Estado que no obedece a la Constitución sino a la opinión pública que el mismo manipula y moldea. O sea un Estado dictatorial basado en unas supuestas mayorías virtuales, tejidas en la manipulación de la información
Pero muchos sectores inclusive empiezan a dudar de la eficacia de la guerra contra las Farc, tras siete años sin poderla derrotar, cuando se anunció hace rato que estábamos en el fin del fin. Una dirigencia política que ya no lo acompaña, aun en sus más cercanas fuerza, sectores gremiales, y una enorme porción de la gente (el 70% de los colombianos si se suman 50% de abstencionistas y 20% de personas que votaron contra Uribe) todos esos factores no están hoy con el uribismo. Claro que esas no son las cifras que muestran las encuestas hechas por el uribismo y sus unánimes medios...
Que nos vendan hoy la peregrina idea de que el 80% del país está con Uribe o con el uribismo, a muchos colombianos nos suena a auténtica "carreta", que en buen idioma vernáculo es una mentira confirmada.
Terra Magazine