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Kane sigue siendo la mejor de todas

Getty Images
Según André Setaro, había "un" cine antes de Kane, y, "otro", renovado, después de esta película.

André Setaro
Salvador, Brasil

En las más recientes encuestas sobre cuál es la mejor película de todos los tiempos El Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941), de Orson Welles, siempre está en honroso primer lugar.

¿Cuál es la fascinación que ejerce esta cinta a través de los tiempos, incapaz de ser retirada del primer lugar de todas las listas? Estreno de Orson Welles en el cine, quien, anteriormente, solamente había hecho un cortometraje, El Ciudadano Kane se considera el punto de partida del lenguaje del cine contemporáneo. Había "un" cine antes de Kane, y, "otro", renovado, después de esta película.

La película empieza en el momento de la muerte de Charles Foster Kane, magnate de prensa que Welles, según se cuenta, se inspiró en un verdadero y poderoso: William Randolph Hearst. Un cine periódico, al estilo bombástico de la época, "March of time" cuenta su vida desde el nacimiento hasta su desenlace. De modo que la "historia", que se pueda pensar encontrar durante el desarrollo de la narrativa, ya se da en líneas generales. Cuando termina la película de actualidades, que periodistas la están viendo, en una cabina de la redacción, uno de ellos, intrigado con la última palabra pronunciada por Kane en su lecho, "Rosebud", cree que se debe investigar. ¿Qué significaría "Rosebud"?

Un periodista se encarga de descubrir el enigma y sale para entrevistar a las personas que convivieron con el magnate desaparecido. Su vida se va reconstruyendo a través de las declaraciones de los que la compartieron. Las memorias de Thatcher evocan su infancia junto con su madre (Agnes Morehead) y las del viejo Bernstein (Everett Sloane) cuentan como él dirigía el periódico y, como este vino a provocar la guerra de Cuba. Leland (Joseph Cotten), otro amigo y compañero, que narra el matrimonio de Kane con la sobrina (Ruth Warrick) del presidente de los Estados Unidos, sus amores con una joven (Dorothy Comingore), con la cual se casa (la primera mujer muere en un accidente), y, finalmente, el fracaso del magnate como candidato a la presidencia de su país.

Las declaraciones recogidas por el reportero aparecen narradas en flash backs. Cuando este entra en la biblioteca de Thatcher, el escenario grandioso revela en Welles la fuerte influencia del expresionismo alemán, principalmente en lo que se refiere a la plástica de la imagen (la luz, sorprendentemente fuerte, configura el propio décor, dibuja sus contornos gigantescos, como también sus figuras y la puntuación de la música -de Bernardo Herrmann-, los cortes abruptos). Es magistral el plano en el que aparecen las letras del diario que lee el reportero y, en un travelling, ellas, las letras, se transforman, de repente, en el niño Kane jugando en la nieve. Otro plano sublime, cuando Kane está en Xanadú, es el del rompecabezas que su mujer intenta armar, colocando sus piezas, esencia de la propia película, significación, pues el trabajo del reportero se asemeja a eso justamente: armar un rompecabezas constituido por las declaraciones en flash-backs.

Por lo tanto El Ciudadano Kane es un puzzle. Y el reportero prosigue en su búsqueda por el significado de Rosebud, entrevista a Susan, la cantante de ópera, que habla sobre los esfuerzos extenuantes de Kane para convertirla en una cantante lírica exitosa, aunque le falte talento, pero, para él, una idea fija a punto de construirle un teatro, y la retirada del convivio social en el exilio en Xanadú, su fracaso en el matrimonio, pero nunca aparece la palabra "Rosebud".

Pero el espectador, y solamente él, sabrá al final el significado de "Rosebud": es la inscripción que figura en un viejo trineo que Kane tenía en su infancia. Pero lo valioso de la película se encuentra al descifrar ese enigma, una pista falsa dada por Welles para aquellos ansiosos que buscan mensajes. El puzzle o, mejor, el rompecabezas armado, pulveriza la estructura narrativa en diversos puntos de vistas y determina una desestructuración de la temporalidad, del tiempo cinematográfico, al cual no estaban acostumbrados los espectadores de la época. No hay en esa estructura una intensidad dramática en los moldes del cine clásico de entonces, pero ella se desintegra en los puntos de vista de los entrevistados. El hecho es que, como puzzle, Kane tiene su significado mayor en los dos travellings, uno al comienzo, y otro, al final, iguales, que muestran la reja de hierro del portón de Xanadú con la inscripción "No pase", como quien dice que no se le permite a nadie entrar en la personalidad de un hombre ambiguo y complejo como el magnate retratado.

Se trata, de verdad, de una obra de enorme complejidad, sea en su relato o con relación a las técnicas usadas. En ese sentido, son célebres y antológicos los escenarios con techo bajo (que dejan a los personajes gigantes en escena) y la profundidad de campo, obtenida gracias al uso de procedimientos inventados por el genial director de fotografía Gregg Toland. En lo que se refiere al relato en sí, hay una inteligentísima utilización del flash back, que permite dar, cuando el caso lo requiere, distintas versiones de un mismo hecho, según la óptica de quien lo relata.

Realizada con entera libertad, El Ciudadano Kane no da la impresión de ser una obra de estreno. Welles, además, cargaría el estigma por el resto de la vida, como otros cineastas que también realizan una obra prima de gran calidad, como, por ejemplo el brasileño Rogério Sganzerla, cuyo "O bandido da luz vermelha" (El bandido de la luz roja) le fue cobrado por toda la vida. Por la modernidad de su estilo, Kane no logró ser comprendido por el público estadounidense de su tiempo, aunque la crítica lo haya acogido con entusiasmo. Por otro lado, el público europeo no lo conoció debido a las circunstancias históricas del momento (la Segunda Guerra Mundial). Lo que determinó que la RKO, que había acogido de brazos abiertos al recién llegado enfant terrible, modificara su actitud e interviniera en el montaje de Soberbia (The magnificent Ambersons, 1942), su próxima película.

Se puede asegurar que el cine contemporáneo no sería lo que es si Orson Welles no hubiese realizado El Ciudadano Kane.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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