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Cortesía
El martirio de Juana de Arco (1928) consolida el estilo inconfundible de Dreyer.
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André Setaro
Salvador, Brasil
Antes del DVD, ver una película del danés Carl Theodor Dreyer, implicaba un viaje a una gran ciudad o, en el caso de que quisiera conocer la obra completa, una ida a la Cinematheque Française, en Paris, o al Museo de Arte Moderna de Nueva York (Moma). La distribuidora Magnus Opus ya puso a disposición del público seis películas de ese monstruo sagrado del cine, pero, infelizmente, es difícil encontrarlas en los videoclubs.
El lanzamiento del paquete Dreyer, hace más o menos 3 años, fue un acontecimiento excepcional; ya que les ofreció a los amantes del cine, la oportunidad de conocer uno de los más expresivos autores de toda la historia del séptimo arte. Creo de verdad que es el acontecimiento más importante, desde el surgimiento del DVD, en términos de arte, expresión, belleza y cine.
Las películas del paquete, que se pueden adquirir de forma separada, y, aunque parezca raro, los DVDs todavía están disponibles en sitios web, cuando deberían estar completamente agotados, son: La cuarta alianza de la Señora Margarida (Praesteenken, 1920), Mikael (Michael, 1924), La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne D'Arc, 1928), Días de cólera (Vredens dag/Dies irae, 1943), La palabra (Ordet, 1955), y Gertrud (ídem, 1964).
Hay, también, un documental precioso sobre Carl Theodor Dreyer: Radiografía de un alma (My métier, 1995), de Torben Skjodt Jensen, que enfoca el proceso de creación del autor. Y Vampyr (1932), la primera película sonora de Dreyer (ya a la venta), obra prima para muchos, una admirable recreación visual de la atmósfera entre opresiva y lírica que circunda una historia de amor enteramente presidida por la idea de la muerte.
El ensayista de Bahia Walter da Silveira, cuando le envió a la antigua revista Filme/Cultura, en 1968, la lista de las diez mejores películas para él, ubicó La passion de Jeanne D'Arc en primer lugar. El crítico era fanático del cineasta dinamarqués. Dreyer murió sin lograr su tan soñado proyecto, el de filmar la vida de Jesucristo. Sobre Gertrud, la última película, escribió Jean-Luc Godard en el Cahiers du Cinema: "Gertrud se iguala en locura y belleza a las últimas obras de Beethoven". Hay que decir, por lo tanto, que el DVD funciona como un rescate del gran cine. Pero vamos a ver aquí algo sobre La palabra (Ordet).
Siguiendo el estilo de Dies Irae -planes- secuencias y recitaciones, lentos movimientos de cámara e intercalación de breves close ups, La palabra (Ordet) representa la plenitud de Carl Theodor Dreyer en lo que se refiere a la armonía de la complejidad, el ejercicio de su dinámica espiritual y artística y la sabiduría de la realización.
Como en La passion de Jeanne D'Arc (1928) y Dies Irae, encontramos temas iniciales que se ponen en marcha, como, por ejemplo, en Ordet, una acusación de la intolerancia y el orgullo de los exclusivistas de la verdad. La muerte constituye el vértice dramático, pero, también, aquí, Dreyer adopta una clara postura sobre lo sobrenatural. Con una sinceridad consecuente, Dreyer conduce la película hasta el milagro, que solamente es posible, en su caso, como consecuencia de un acto de fe total, puro, sensible y compartido.
Ordet, monumento ahora disponible en disco, se basa en la obra homónima de Kaj Munk, pastor protestante asesinado por las tropas de Hitler que ocuparon su país, y que, desafiándolas, al proclamar ciertas verdades del púlpito de su iglesia, fue asesinado.
La acción de Ordet se localiza en un pueblo dinamarqués. El viejo Morten Borgen (Henrik Malberg) y sus hijos Mikkel (Emil Haas Christensens) y Andrés (Cay Kristiansen) buscan el tercer hijo de Borgen, Johannes (Preben Rye), que en su locura afirma ser Jesucristo. Inger (Birgitte Federspiel), mujer de Mikkel, embarazada, intenta consolarlos. El benjamín de los Borgen quiere casarse con la hija de Peter, pero este reacciona y no lo acepta, obligando al viejo a discutir con él.
El recién nacido de Inger muere y esta no tarda en seguirlo, muerte también. Durante los preparativos del funeral, Mikker no puede contener su dolor, cuando aparece Johannes, lúcido, reprobando su falta de fe. Y, a través de su intervención, Inger vuelve a la vida.
La temática de Dreyer se centra en el ser humano como sujeto de valores absolutos. El hombre es observado psicológicamente y su dignidad defendida frente a toda intolerancia, coacción física o moral. A través de la tolerancia, de la bondad y del sufrimiento, llega a la idea abstracta del amor y de la pureza espiritual, como también, en el ámbito religioso, llega a la fe, y en lo metafísico, llega a las relaciones del hombre con Dios. Su técnica narrativa, influenciada, en sus orígenes, por la escuela cinematográfica alemana, expresionista, y por los principales creadores del cine soviético, adquiere caracteres propios e inconfundibles a partir de La passion de Jeanne D'Arc.
Mediante el uso de diversos elementos, en especial los movimientos lentos de cámara, gran dirección de los actores, iluminación difusa unas veces y contrastada en otras, utilización del silencio como valor dramático, y progresiva dramatización de la acción interna, pasa, imperceptiblemente, de lo físico a lo moral, de lo cotidiano a lo existencial o metafísico. Para Dreyer, el estilo es la incorporación del alma del artista a la obra del creador, es decir, su personalidad. Según el creador de Ordet, sin estilo no hay obra de arte.
Terra Magazine