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Vencedor de Cannes da la vuelta al mundo

Ana Paula Sousa
Sao Paulo, Brasil

El director francés Laurent Cantet, a los 49 años, alcanzó su consagración más que merecida. En la última edición del Festival de Cannes, ganó la Palma de Oro con "La Clase" (Entre le Murs), y, desde entonces, viene recorriendo el mundo para lanzar su película y hablar de su trabajo, uno de los más consistentes y auténticos de la escena contemporánea.

Cantet pasó los dos últimos días en Sao Paulo. Después de haber participado de un preestreno, seguido de debate, reservó el miércoles para una secuencia de entrevistas. Fueron 12 en total. "Son casi siempre las mismas preguntas", admite, con expresión cansada: desde que ganó la Palma de Oro, ha viajado por 25 diferentes lugares, incluidos Hong Kong, Taiwan y Estados Unidos.

Lanzar una película independiente, en un mercado tomado por los bloksbusters, es un trabajo arduo. Eso parece tan o más fatigante que producir y filmar.

"Es importante hacer eso porque conseguimos más visibilidad. Y también porque le debo fidelidad a ciertos distribuidores, como el de Brasil, que viene comprando todas mis películas, desde la primera", dice.

La gira de Cantet seguirá a Buenos Aires. Después, hará una parada en Cuba, donde dictará un curso en la escuela de cine de San Antonio de los Baños. De regreso a Europa, partirá a Budapest y a Praga.

Qué bueno que el cineasta viaje. Qué bueno que su película, que vendió 1,1 millones de entradas en Francia, haya sido indicada al Oscar y que esté consiguiendo buenos resultados alrededor del mundo. Sería una pena si La Clase quedara restringida a los círculos encogidos del cine de arte. A esa película se la debe ver, por lo que dice y por la forma cómo lo dice.

Durante dos horas, el espectador acompañará el semestre lectivo de una escuela ubicada en la periferia parisiense. Con una impresionante verdad, conviviremos con el curso de francés del profesor François, vivido por François Bégaudeau, él mismo ex profesor y autor del libro que originó el largometraje.

Pero, como es escribí en la crítica publicada en la revista Carta Capital, sería simplista atribuir la fuerza de la película a la presencia de Bégaudeau y de sus alumnos, venidos, de hecho, de las zonas de exclusión de la capital francesa. Cantet utiliza recursos documentales, pero es por medio de la ficción que nos muestra las contradicciones del mundo.

"Aprendí está lección con Rossellini. Es preciso buscar lo real, pero la ficción es la que nos lleva a entender el mundo", defiende. "De todas formas, no se puede decir que la película dé muchas respuestas para la cuestión de la educación. Es una película sobre preguntas."

De hecho. Tal vez por eso sea tan cautivadora. La relación entre los jóvenes alumnos y un profesor idealista desata nudos no sólo de la educación, sino también de la vida contemporánea.

Están los emigrantes colocados al margen, la búsqueda por la identidad en un mundo cada vez más uniforme y la batalla entre la imagen que tenemos de nosotros mismos y la imagen que la sociedad espera de nosotros.

En sus otras películas, Recursos Humanos, El Empleo del Tiempo y Hacia el Sur, todos disponibles en vídeo, Cantet tocaba en algunos de estos asuntos. "La pregunta que me mueve es: '¿Cómo existimos dentro de la sociedad?' Mis personajes son idealistas que creen que van a poder vivir su ideal, pero que se enfrentan con un sistema más fuerte que ellos."

Tanto el profesor François, que cree que es posible desarrollar una relación especial con sus alumnos, como el ejecutivo que le miente a la familia porque no consigue asumir el desempleo (en El Empleo del Tiempo), son hombres que buscan lidiar con sus impulsos y con sus frenos.

"Somos casi todos prisioneros de una imagen pública, de un papel por desempeñar que, muchas veces, están distantes de las aspiraciones más profundas que podemos tener", puntualiza Cantet. "¿Y para qué sirve el cine si no es para ayudarnos a enfrentar la complejidad de nuestra sociedad?"

La Clase, con seguridad, atiende este propósito. Con François y sus alumnos, nos reímos y nos entristecemos, sentimos un cierto desaliento y también un hilo de esperanza.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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