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"No encuentro una manera mejor de clasificar, de catalogar la música. No sé, intentarlo además me parece un error", dice Molina.
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Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
Una van cómoda y espaciosa traslada a Juana Molina desde Portland hasta la fresca San Francisco. El paisaje de montaña y la carretera se suman al mito del American Rock Tour. "Esta no es la primera vez que tocamos en los Estados Unidos, claro", previene la nueva niña mimada del electro folk. "Pero es sí la primera vez que traemos este formato". La ruta es larga y hay tiempo para charlar. Y desde las etiquetas que le han puesto hasta la calidad de los bateristas uruguayos, pasando por lo que representan para ella la música Latina y los géneros en iTunes, Juana se despacha sin tapujos.
De hecho, a Juana, que tocará en Nueva York a fines de febrero en el Poisson Rouge, no le gustan nada los rótulos. Muchas veces encasillada como una cantante intimista, otras veces comparada con la islandesa Björk, la hija del tanguero Horacio Molina hace lo imposible para despegarse de los nombres y los estilos.
"Lo que pasa es que, qué se yo, desde mi punto de vista lo intimista es otra cosa", dispara casi con enojo. "Intimista es alguien que se sienta en una silla, con unas pocas personas alrededor y canta unas canciones con su guitarra. Pero bueno, a mí ya me quedó ese sello, de que soy intimista. Quizás porque no grito, o porque comparado con otras cosas quizás sea eso. Pero a mí me parece más¿ no sé, yo viajo mucho cuando hago los discos y veo muchas cosas, me parece que eso lo aleja del intimismo. Porque viajar no es intimista. No sé cómo explicar la sensación que tengo. Pero en todo caso, este disco, comparado con el resto de los míos, sería el menos intimista de todos".
Juana se refiere a su más reciente Un día, que suma ya su quinta producción, un éxito total para la crítica
¿Intentaste componerlo para salirte de ese rótulo de intimista? Porque el disco no suena íntimo para nada.
No, no. Lo que pasa es que mucha gente... A ver...a mí lo que más me gusta es bailar. Y yo no necesito que una batería me marque el ritmo para bailar. Qué se yo, una guitarra, algo que tenga swing me hace bailar. Cualquier cosa que sea, una lavadora me hace bailar. Y tiene que tener swing, no tiene que tener una batería que lo marque, pero se ve que hay gente que cree que algo no es bailable si no tiene una batería abajo. Entonces, quizás llevada un poco por los comentarios de esa gente que te mencionaba, me decían: "vos lo que necesitás es una batería para que tu música tenga ritmo". Yo, tratando de evitar mirar al cielo decía que sí. Pero realmente yo creo que...no sé... yo siempre quise ser baterista. Pero con todas las baterías que yo componía para las canciones, la mayoría de los bateristas me decían que no eran, cómo decir... baterísticas. Me costó mucho encontrar bateristas que tuvieran onda y que no fueran, como decimos nosotros cafones, y bueno, tuve que recurrir a Uruguay para que eso sucediera. Porque ahí hay un swing que en Argentina es más raro.
¿Por qué? ¿Te parece que es por la tradición del candomble que los uruguayos tienen más swing?
No sé. Porque tienen sangre negra en algún lado. Tienen swing...no es pum, pa, pu pum pa... tienen matices. Es muy difícil describir el swing. El swing es la onda. James Brown tiene swing. No quiero decir quién no tiene swing, pero está lleno de música a la que le va bien pero no tiene swing. Que no te lleva a bailar por más batería y fuerza que le pongan. Y con esto no quiero decir que la música tenga que llevarte a bailar hasta transpirar. Pero sí creo que tiene que llevarte a moverte un poco. Que te llegue al cuerpo.
¿Te sentís una artista latina?
Yo la verdad no me siento para nada identificada con la música latina. Es más, me costó muchísimo que cuando aparecen las canciones en iTunes, que no diga el género como Latin. Logré que no apareciera más como Latin pero para ellos si cantás en castellano ya sos Latin, lo que me parece una generalización absurda porque para mí en Latin están músicos como Ricky Martin o Shakira. Ese tipo de música para mí representa... o Chavela Vargas. Para mí el Latin es más Centro América. Yo lo relaciono con eso. Así que le pedí al sello que se ocupara de eso. Ahora dice Alternative, por lo menos, que es una cagada, pero bueno¿
¿Qué crees que tendría que decir en género?
No sé qué tendría que decir. My own genre. No me gusta... sabés, yo no tengo ordenados los discos por género. Tengo mis discos por orden alfabético. Y entonces yo no sé, tengo músicos clásicos mezclados con músicos de rock porque justamente están en orden alfabético. No encuentro una manera mejor de clasificar, de catalogar la música. No sé, intentarlo además me parece un error. A menos que vos te dediques a hacer blues -y el blues tiene sus características- y entonces que te adaptes a las características de ese género. Si vos te adaptas a las características de ese género porque vos querés es una decisión tuya. Pero cuando lo que vos hacés no tiene un género definido, no deberían tratar de ubicarlo en ningún género. Yo creo que es por el sonido, por los instrumentos que usás, por el idioma, que intentan catalogarte, mucho más que por la música que hacés. ¿Pero si yo hubiese hecho lo mismo con guitarra eléctrica, en dónde me ponen? ¿Si yo hiciese la misma música en inglés, por ejemplo, exactamente lo mismo? Seguro que en Latin no me ponen. Alternative no soy. Para mí Alternative es Nirvana y todos sus derivados. Es algo que nació en los 90s.
Te comparan con Björk. ¿Te sentís conforme con esa comparación?
No soy muy afecta a las comparaciones, pero lo que dijo John Pareles -el crítico de rock del diario New York Times-es que somos parecidas en el hecho de que las dos hacemos lo que se nos canta.
¿Estás más cómoda ahora en tu rol de música, de artista de la canción? Según recuerdo, cuando presentaste Segundo, parecía como que tenías la necesidad de explicar por qué hacés música, lo que a pocos artistas les ocurre, ¿no?
Siempre estuve cómoda. Lo que pasa es que al principio los periodistas me hacían preguntas para que yo les explicara por qué hacía música. En realidad la gente no quería sacarme del lugar en el que estaba Molina llegó a la fama en la Argentina como actriz, gracias a una serie de personajes cómicos en la televisión. Pero hace mucho que saqué ese disco y no sé muy bien qué decía en ese entonces, aunque sí recuerdo que en Argentina sí tuve que dar muchas explicaciones.
¿En estos tiempos largos de viaje, te animás a componer?
No, pero la verdad admiro a la gente que compone durante los viajes. Yo no sé, no puedo, no me sale. La cabeza... no me da para tanto. Además a mí me gusta componer mientras grabo, así que no tengo esa posibilidad. Compongo en mi casa. Tengo un estudio mínimo muy precario, que es con el que vengo grabando estos últimos discos.
¿Y aprendiste a manejarte técnicamente vos sola?
Voy aprendiendo de a poco. Con Segundo lo hice a los ponchazos y después con Tres Cosas ya había aprendido un poco. Con Son ya me sentía comodísima en el estudio. Ya sé cómo grabar así que después es muy poco lo que tengo que hacer para que suene bien. Ya grabo bien. El sonido entra como corresponde al track. Pero yo ya voy haciendo las cosas de a poco y en la medida en la que se van grabando y tienen su lugar en la canción.
¿Y en las mezclas, qué rol tenés?
Es que normalmente voy mezclando el disco a medida que lo hago. Lo único que realizo es la masterización. Y en la masterización trabajo con un amigo. Llevo los tracks abiertos para que no haya que modificar demasiado. Y si hay alguna frecuencia o algo que molesta o que hay que corregir un poco lo corregimos ahí. Yo lo que quiero es que mis discos masterizados suenen como suenan en mi casa. Yo entrego el disco sonando como a mí me gusta. El tema es que a veces escuchás la canción en otro lado y algunas frecuencias no están bien, ya simplemente por estar en otra habitación. Y mi casa no tiene acústica ni todos los registros necesarios. Pero igualmente yo ya le conozco las resonancias, así que ya sé cómo trabajar con ellas.
Tocás más en Nueva York que en tu Buenos Aires natal ¿Por qué?
Mirá en Nueva York hay mucha gente. Y de hecho toqué varias veces aunque no conozco demasiados lugares. Toqué en Joe's Pub, en el Bowery Ballroom, en el Carneghie Hall -pone voz de importante pero luego se ríe-pero ahora voy a tocar en Poisson Rouge, que no conozco pero me dicen que es muy lindo. Lo que pasa es que en Buenos Aires no hay tanta gente, así que no puedo tocar tanto. El mercado no es tan grande como acá, así que toco un par de veces al año... hago un fin de semana en un teatro y listo. Es una pena, pero la realidad es que acá hay mucha más gente. Así que se impone viajar.
Terra Magazine