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Cortesía
"Me gustaría que ayude como herramienta de concientización o de difusión para que ese cambio se genere. Estamos más cerca de una reforma inmigratoria hoy que en la década pasada", dice Camissa.
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Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
Acorralados por la necesidad, el abandono y la pobreza extrema, cerca de 200 mil niños latinoamericanos deciden cada año emprender un peligroso viaje en dirección norte con el objetivo de cruzar hacia los Estados Unidos. La cifra -que parte de un relevamiento que UNICEF realizó en América Central y México en 2008- se encarnará este lunes en las historias de vida de ocho niños migrantes a quienes la directora Rebecca Camissa siguió para la realización de su documental Which Way Home.
Uno de los primeros testimonios fílmicos del éxodo infantil latinoamericano, "Which Way Home" será emitido por HBO por primera vez en televisión. Pero antes del estreno Terra Magazine pudo dialogar en exclusiva con la directora sobre la experiencia y el tremendo dilema moral que presenta la migración infantil.
Terra Magazine: ¿Cómo fue que se conectó con el tema por primera vez?
Rebecca Camissa: Pues recién terminaba de trabajar en un documental, Sister Helen, y un amigo mexicano-americano me pasó un artículo sobre el tema de la migración infantil. Y casi me pidió que hiciese un documental, que investigase y trabajase el tema en profundidad, pues no había prácticamente nada en formato audiovisual todavía. Al comenzar a investigar, me di cuenta de que a pesar de que el cruce de niños solos a través de América Central y México está en crecimiento, en los Estados Unidos todavía no se ha hablado demasiado sobre el tema.
La mayor parte de los protagonistas del documental son, obviamente, menores de edad. ¿Les creó esto algún tipo de problemas morales o de trabas legales? Me pregunto sobre todo por el hecho de que presentar ante el mundo historias de vida tan dramáticas puede resultar quizás un poco impactante para el público.
Por supuesto que dudamos mucho. Tuvimos muchas discusiones éticas sobre cuál era la mejor manera de trabajar ciertos temas. Hubo momentos durante la filmación durante los que necesitábamos asistencia ética y legal. Además, siempre discutimos entre nosotros qué debíamos hacer y qué no debíamos hacer en algunos casos extremos durante la filmación.
Pero lo primero que hicimos fue, antes que nada, hablar con los chicos y preguntarles si querían contarnos sus vidas y lo que estaban haciendo en ese viaje. Muchos dijeron que sí de inmediato, otros dudaron y otros se asustaron y prefirieron no hacerlo. Nosotros por supuesto no insistimos. Y claro, primero les preguntamos a los chicos, pero lo segundo que hicimos fue obtener el consentimiento de sus padres.
¿Puedes dar detalle de alguno de los dilemas éticos se les presentaron?
Pues este es un documental sobre niños y hubo que pensar primero en preservar su integridad física y moral mucho antes que la calidad del film. Un ejemplo es que en un momento dado de la travesía escuchamos rumores de que el tren iba a sufrir un ataque. Claro, tuvimos que pensar qué hacer. Si filmar el desarrollo de una situación horrenda más allá de lo que pudiese ocurrirles a los niños, sin saber qué les podía ocurrir a los niños o a nosotros, o tratar de prevenir que esto ocurriese. Tomar este tipo de decisiones fue un proceso constante durante la filmación. A veces tuvimos que separarnos de los chicos por diferentes motivos y luego supimos que habían sido apresados por policías municipales, pero siempre intentamos preservar su integridad.
¿Durante cuánto tiempo los siguieron?
No estoy segura pero fueron varias semanas. Los perdimos durante un par de días y luego los encontramos nuevamente. Algunos fueron detenidos y luego enviados a sus hogares. Allí también los seguimos y estuvimos con ellos durante un tiempo. Pero los conocimos yendo al lugar en el que los migrantes se reúnen en México para comenzar su viaje sobre el techo de un tren al que llaman "La Bestia". Allí estaban los niños, esperando como todos los demás. Los conocimos en el camino.
Me sorprendió que muchos de los oficiales encargados a veces de detener a estos niños para devolverlos a sus hogares, o los policías y los agentes de migración, no parecen estar suficientemente preparados para tratar con el tema. ¿Qué impresión tuvo usted durante el la filmación?
El tema es que esto ocurre todos los días y muchas veces esta gente pierde un poco esa sensibilidad. Por ejemplo, una de las entrevistas que, luego de la detención de un grupo de chicos, se da entre el cónsul guatemalteco y uno de los niños, Juan Carlos, es apenas una entre las cuarenta que estos oficiales mantuvieron con otros tantos niños ese mismo día. Eso muestra que el tema es tremendo. Hay una cantidad tan enorme de chicos migrantes (¿cuántos se ven en la escena detrás de Juan Carlos? Cuarenta... cincuenta...) que la gente responsable apenas da abasto físico y emocional con todo. Sin embargo, creo que en el fondo esta gente intenta hacer lo mejor posible considerando los escasos recursos con los que cuentan. Es difícil lidiar con una migración masiva como ésta. Por otro lado, nosotros reporteamos sobre lo que vimos. Hay historias sobre oficiales que roban o lastiman a los niños migrantes, aunque nosotros no vimos nada de eso. Claro, como en toda burocracia, hay mucha gente intentando hacer su trabajo y otros tantos que quizás estallan y disparan actos de violencia.
¿Cambió su opinión con respecto al tema de la migración tras de filmar su documental?
Pues en realidad lo que me ocurrió es que yo ya estaba cansada de escuchar testimonios sin fundamentos sobre el tema. Lo único que se sabía en 2003, cuando comencé a filmar Which Way Home era que este tema existía. Se leían algunas opiniones en los diarios sobre el tema, pero sobre todo a nivel estadístico. Lo que pasaba además es que no se representaba a los niños migrantes como seres humanos, ellos no eran historias de vida sino simplemente números. Había algunos libros, algunos artículos, pero no había hasta entonces un testimonio audiovisual claro que pudiese ofrecer al público estadounidense el por qué de estos migrantes que deciden arriesgar tanto para venir a los Estados Unidos. Yo creo que esa fue mi primera motivación, y en parte la opinión que yo tenía antes de empezar. Quería comprender por qué lo hacían.
¿Le parece que estos niños migrantes comprenden con claridad la razón por la cual se desplazan y se deciden a emprender un viaje tan peligroso?
Yo creo que sí. Creo que un chico de 7 ó 9 años de edad posiblemente no entienda ni le preocupe qué son los Estados Unidos. Lo que sí sabe es que quiere estar con su madre, con su hermana, que quiere reunirse con su familia nuevamente. Y esa necesidad emocional es la que lo lleva a buscar un cambio. Kevin -el protagonista del documental- quiere convertirse en el hombre de la casa. Adora a su madre y quiere salvarla de la pobreza, darle dinero para que se pueda construir una casita. Y de algún modo ella cuenta con él y con que consiga un trabajo en los Estados Unidos.
Cuando le preguntamos a Kevin adónde quería ir, el respondió Manhattan. No dijo New York o Los Ángeles. Dijo específicamente Manhattan, porque la conoce por las películas y por la televisión. Cuando Kevin es deportado y finalmente podemos visitarlo en su casa en Honduras, lo encontramos frente a la tele mirando Spider-Man. El Hombre Araña, sabe usted, se mueve por Times Square. Y Kevin imagina su mundo a través de estas películas. Piensa que puede conseguir un trabajo quizás como lustrabotas. En Times Square hay tanta gente que, quizás, el cree que podrá juntar dinero para enviarle a su madre en Honduras. Los chicos no tienen idea de qué es lo que realmente pasa. Los Estados Unidos son parte de una especie de sueño que persiguen desde pequeños.
¿Cree que el documental contribuirá a un cambio en las políticas migratorias, en particular las relacionadas con la migración infantil, y en la percepción que tienen los estadounidenses sobre el tema?
Me gustaría pensar que el documental será una herramienta de cambio, por supuesto. Me gustaría que ayude como herramienta de concientización o de difusión para que ese cambio se genere. De hecho yo creo que estamos más cerca de una reforma inmigratoria hoy que en la década pasada. Claro que si uno ve el debate que se está dando ahora mismo por los cambios en el sistema de salud, y cuán ácido se ha vuelto, ¿puede imaginarse qué tipo de debate se generará alrededor del tema inmigratorio?
Al mismo tiempo yo pienso que si somos ciudadanos de los Estados Unidos, el mejor país del mundo, y estamos a favor de los derechos humanos, no podemos permitir que nuestros representantes hagan la vista gorda ante lo que pasa: la deshumanización de los migrantes, las muertes y la falta de asistencia a la que, muchos de ellos apenas niños, se exponen cuando intentan cruzar la frontera para tener una vida mejor.
Los ideales de este país son ideales, claro, pero uno lucha por que se conviertan en realidad. Y es nuestra responsabilidad la de impulsar el progreso y darle apoyo a toda política a favor de los derechos humanos.
¿Sabe?, en definitiva, mi intención con Which Way Home no fue filmar un documental triste sobre el tema inmigratorio. Estos chicos, estas familias que intentan venir a los Estados Unidos, representan un sueño americano que está vivo. Estas gentes no tienen demasiadas oportunidades y buscan migrar del mejor modo posible. Por ejemplo, uno de los niños mexicanos, Yurico, es un chico de la calle. Pero quiere cambiar su vida, tiene un sueño. Y tiene la opción, la de quedarse en la calle aspirando pegamento o salir a ver si puede cambiar su vida. El quiere cambiar su vida, quiere mejorar. Y yo respeto eso. Para mí Yurico es un héroe. Yo nací aquí y doy todo lo que tengo alrededor por sentado. Pero otra gente no y creo que es bueno comprender y respetar esa búsqueda. Como dice nuestra Constitución, uno tiene que ser libre para perseguir y realizar sus sueños. Los Estados Unidos representan para estos chicos la posibilidad de recibir un montón de cosas que les han sido negadas. Poco importa de dónde han sacado esa idea de venirse para aquí. Los Estados Unidos son parte de su sueño y ellos están ahí mismo, frente a nosotros para que los ayudemos.
Terra Magazine