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Entrevista a Marcelo Schapces

Cortesía
Marcelo Schapces.

La velocidad funda el olvido, cinta que compite en la sección Ópera Prima, narra la historia del joven Olmo, quien decide desprenderse de la memoria de su fallecido padre -quien a lo largo de su vida ha acumulado y catalogado una infinidad de objetos- para ir en busca de su propia identidad. Su director, el argentino Marcelo Schapces en diálogo con Terra Magazine, nos brinda en las siguientes líneas su visión sobre esta obra y su trayectoria.

Terra Magazine: ¿Se puede decir que La velocidad funda el olvido es una metáfora de los acontecimientos ocurridos en América Latina de la década del setenta?
Marcelo Schapces: Funciona como una metáfora de ese tipo pero es más una metáfora sobre cierto destino de la condición humana. Tiene que ver con el personaje del padre. No es una película costumbrista, ni realista. Es ante todo una construcción poética de la memoria que tiene cosas de surrealismo y con el respeto y distancias debidas, influencia de David Lynch.

Terra Magazine: ¿Cómo así surgió el título?
Marcelo Schapces: Viene de una frase del filósofo francés Paul Virillo sobre el concepto del S XIX acerca de una vida en permanente aceleración. En la película hay momentos en que la historia se detiene bruscamente para ver justamente que sucede en ese lapso entre aceleración y desaceleración. Actualmente todo es presente como si el pasado no existiera. Es como si se diera una aceleración digital de la vida. La película es una especie de memoria, en la que hay personajes con esa nostalgia de la era analógica, cuando las cosas podían tocarse, olerse y no sólo mirarse y olvidarse.

Terra Magazine: ¿Existe alguna temática recurrente en sus películas?
Marcelo Schapces: Me interesa mucho la experimentación y el cine fantástico. Me gustan las películas de género poco clasificable en las que el sueño del alma -y los temores ocultos- puede estar expuesto y desarrollado. Siempre me cautivó eso.

Terra Magazine: ¿Cómo fue la experiencia de dirigir actores de diversas nacionalidades?
Marcelo Schapces: Trabajé con dos actrices gallegas y nos adaptamos muy bien. Grabamos en Buenos Aires, así como en San Luis, al nordeste de Argentina, y luego en Galicia, España. Cuando hay una comprensión sensible de la historia que estábamos contando, las cosas fluyen. Fue una muy buena experiencia.

Terra Magazine: Pero no hay diferencia entre dirigir a un español y un argentino. ¿No requiere esto un tratamiento diferente a la hora de dirigir?
Marcelo Schapces: Más que una cuestión de nacionalidad es una cuestión de personalidad. Pero sí, es diferente. Para los españoles el pan es pan y el vino vino, mientras que los argentinos, que tenemos más terapia encima, somos más rebuscados (risas).

Terra Magazine: Se dice que algo de nuestras experiencias se plasma en la obra. ¿Cómo se da esto en su trabajo?
Marcelo Schapces: En alguna medida es algo muy poco evidente o a veces más evidente. Uno se retrata a sí mismo. No hay objetividad posible. En esta película, por ejemplo, más que con un personaje me identifico con los objetos.

Terra Magazine: ¿Lo remiten a la infancia quizás?
Marcelo Schapces: En parte sí. Son muchos objetos para construir un archivo de la memoria. Muchos son míos y otros los conservo de mi padre. Es muy personal la película.

Terra Magazine: ¿En que género se siente más a gusto trabajando? ¿Cine o televisión?
Marcelo Schapces: Cine, aunque no está mal la televisión. Sin embargo, esa sensación de la primera proyección de los hermanos Lumière siempre está presente. Es la misma magia, más allá de los televisores de plasma en las casas o DVDs. Ese momento en que uno se sumerge en la oscuridad y espera a ese ojo que es la pantalla le cuente una historia es otra cosa, otra sensibilidad.

Terra Magazine: Usted ha trabajado en gestión cultural en su país y en España. ¿Cómo fue esa experiencia y que diferencias halló al respecto?
Marcelo Schapces: Por cuestión generacional tuve una larga etapa de militancia política que luego devino en puestos dentro del área de desarrollo cultural aquí en mi país. También trabajé en el Instituto de la Juventud de España (Injuve) en la década de los noventa. En España tienen esa parte mucho más hecha que en los países latinoamericanos. No está mal. Es un desafío pues al ser países más jóvenes tenemos mucho camino por hacer. Pienso, sí, que es indispensable mirarse más entre nosotros, entre vecinos, sin olvidarse que existe el resto del mundo.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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