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AFP
Gustavo Cerati, vocalista, guitarrista y compositor de Soda Stereo.
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Víctor Pombinho
Buenos Aires, Argentina
Con su impactante retorno a los escenarios, con cinco fechas en River confirmadas y una extensa gira por América Latina, Soda Stereo deja en claro algo que parecía olvidado o estaba en duda: se trata de la banda más importante en la historia del rock en español. No es sólo una cuestión de números. En esta consideración también caben su influencia fundamental en el desarrollo del género en esta parte del mundo y las cualidades musicales y estéticas. Es una pena que su vuelta parezca estar subordinada a cuestiones meramente económicas, sin inquietudes artísticas a la vista.
Para comprender el fenómeno Soda bien vale hacer un repaso de la historia del grupo, que comienza en 1982, cuando el rock nacional empieza a difundirse en las radios gracias a la prohibición de la dictadura de pasar música en inglés durante la guerra de Malvinas. Es en ese año que los jóvenes estudiantes de Publicidad Gustavo Cerati (guitarra y voz) y Hector "Zeta" Bosio (bajo) reclutan al baterista Charly Alberti para conformar Soda Stereo. Sus principales influencias eran los grupos de new wave The Police y XTC.
Luego del regreso de la democracia en 1983, bandas como Soda, Los Twist y Virus comenzaron a tocar música divertida, bailable, presuntamente alejada de compromisos políticos, rompiendo con la anticuada estética del rock nacional, que aun sostenía restos de un hippismo que atrasaba un par de décadas.
Con producción de Federico Moura, en 1984 Soda Stereo saca su homónimo álbum debut. La banda se presenta como un "conjunto dietético" con canciones con letras en extremo ligeras. Entre ellas, se destacan "Te hacen falta vitaminas" y "¿Por qué no puedo ser del jet-set?", además de la bellísima "Trátame suavemente", compuesta por Daniel Melero y lejos el mejor tema del disco. Sin embargo, hay otros bastante pobres, como "Mi novia tiene bíceps" o "Ni un segundo".
La prensa especializada le dio la espalda, pero los jóvenes post dictadura rápidamente aclamaron a la nueva banda, que en 1985 daría un giro estilístico notable con el oscuro disco Nada personal, influenciado directamente por The Cure, en ese entonces la banda del momento. Soda se vuelve dark, y las canciones se llenan de telarañas, encierro y depresión. Sobresalen el tema que da nombre al disco, Juego de seducción, y la mítica "Cuando pase el temblor", un carnavalito rockero con un video donde los tres soda (con look vampírico) secuestran a un niño en las ruinas de Tilcara, Jujuy.
Es con Signos(1986) cuando la banda da un salto de calidad definitivo. La oscuridad se mantiene ("Sin sobresaltos", "No existes", "Final caja negra") pero Soda se vuelca a un rock de guitarras "heroico", ideal para tocar en estadios, con temazos como "Persiana americana", "Prófugos" y "El rito". Es entonces cuando la banda realiza la tan mentada conquista de América, que en momentos en que no existía MTV e Internet era algo inconcebible. Chile, Colombia, Perú, México y Centroamérica quedan atrapados por la "sodamanía". Toda esta excitación quedó registrada en el disco en vivo Ruido blanco.
El siguiente disco, Doble Vida (1988), fue grabado en Nueva York y contó con la producción del afamado Carlos Alomar, guitarrista en su momento de David Bowie. Menos rockero que Signos, Doble Vida es un disco funk, que dejó para la posteridad una onírica visión de Buenos Aires, de ahora en más La Ciudad de la Furia, y un horrible rap en medio de En el borde.
En 1990, Cerati decide volver a las fuentes, mira hacia atrás y plasma en Canción animal toda su devoción por Luis Alberto Spinetta y el crudo rock nacional de los 70, en especial Pescado Rabioso y Color Humano. El resultado es un disco notable, con grandes canciones, como "En el séptimo día", "Un millón de años luz" y el megahit "De música ligera". Una lástima el arte de tapa, con dos leones copulando, obra de los propios Cerati y Zeta. Ya por ese entonces Melero colaboraba activamente con la banda, al punto de ser considerado "el cuarto Soda".
En vez de quedarse recostado en el éxito de Canción animal, el grupo da el salto más audaz de su carrera, y, con influencia sobre todo de la banda irlandesa My Bloody Valentine, edita en 1992 el vanguardista disco Dynamo, cuyo sonido espanta a muchos fans de la primera hora de la banda y hace decaer su popularidad. En Dynamo vuelve a ser importantísima la participación de Melero, que pone su firma como coautor en nada menos que seis temas, mientras Alberti hace lo propio sólo en uno.
La presentación del álbum se hace con una serie de conciertos en Obras, donde actuaron como teloneras nuevas bandas del incipiente movimiento "sónico", como Babasónicos, Resonantes, Martes Menta, Tía Newton y Juana La Loca. Cerati apuesta a convertirse en el padrino de esta renovación, que finalmente fracasa. Sólo el grupo de Dárgelos alcanzaría la masividad, pero una década después.
Paralelamente a Soda, Cerati edita poco después otros dos discos que reafirman su vuelco por la experimentación y lo muestran como un músico inquieto, siempre en búsqueda de nuevos sonidos. Se trata del arriesgado Colores Santos (1992, en dúo con Melero) y el luminoso Amor Amarillo (1993), grabado prácticamente en soledad durante el primer embarazo de su mujer, Cecilia Amenábar. Nunca se les ha dado la importancia que se merecen a estos dos discos y a Dynamo como un intento de recambio de lo que hasta entonces se venía haciendo en el rock nacional. Quizás porque Soda y sus jóvenes aliados sónicos perdieron en los noventa por paliza la pelea contra el rock barrial, al menos en cuanto a convocatoria y ventas se refiere.
Recién en 1995 el grupo volvería a publicar un nuevo disco, Sueño Stereo. Desgraciadamente, Cerati no insiste con los elementos electrónicos, que dejaría para su carrera solista o para grupos paralelos como Plan V, Roken u Ocio. Se trata de un álbum de un grupo que busca ser reconocido como un clásico, sobreproducido, con violines y cellos. Los tres Soda ya no se llevan nada bien, pero igual entregan grandes canciones, como "Ella usó mi cabeza como un revólver" y "Zoom". Además, el compositor y líder del grupo se las ingenia para usar términos científicos como "PH" y "efecto doppler" y que suenen bien en canciones románticas.
En 1996, Soda edita Comfort y música para volar en el marco del ciclo Unplugged de MTV. La banda no respeta el formato, toca enchufada y entrega excelentes versiones de "En la ciudad de la furia", "Un misil en mi placard" y "Entre caníbales". Un año después, se despide con un emotivo show en River.
Se puede decir que el regreso llega en el momento justo. Se cumplen 10 años del adiós y Cerati viene de publicar el exitoso Ahí vamos, disco solista con el cual volvió a conquistar a las masas al mostrarles su perfil rockero, que evidentemente prefieren por sobre su costado electrónico.
Los de Soda fueron 15 años de trayectoria camaleónica, de cambio permanente, de riesgos. Por la ansiedad contenida, era claro que su regreso iba a ser monumental. Sin embargo, su historia se merece una razón musical y estética que justifique el retorno. Ya que no habrá nuevo disco, este concepto tendrá que surgir en los shows, para que no se convierta en un festejo vacío.
Terra Magazine