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Hasta hace unos años, el servicio de metro de Nueva York era uno de los mejores del mundo. Ahora necesita fuertes inversiones para elevar su calidad.
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"Ya pagar dos dólares me resulta caro, sobre todo por el calor en las estaciones y los vagones, el mal servicio, el mal olor y las ratas que están por todos lados". Norberto Quintana, un exitoso abogado latino que vive en Nueva York hace cinco años acaba de enterarse del posible incremento en el boleto de subterráneos de la ciudad. Y como al resto de los ocho millones de usuarios del transporte público neoyorquino, la idea no le divierte ni un poco.
La Metropolitan Transport Authority (MTA), que controla los servicios de transporte público de pasajeros en la ciudad, está impulsando en un nuevo plan un aumento en el precio de los tiquetes de subterráneo y autobús, más un incremento en los peajes de acceso por puentes y túneles a Manhattan, el cual se daría en dos etapas: una para marzo de 2009 y otra para comienzos de 2011. Los incrementos de 8% por vez son parte de un intento por mejorar el servicio público de transportes local, que hasta principios de los 2000 se contaba entre los mejores del mundo y hoy ha entrado en franca decadencia.
Como ejemplo bastan las permanentes fallas en las líneas más utilizadas en Manhattan, como son la 1, 2 y 3. O el tiempo de reparaciones (downtime) que bloqueó durante más de 10 fines de semana el acceso hacia y desde Brooklyn en la línea L.
En un comunicado de prensa el lunes pasado, la comisión de tránsito de la ciudad informó que la llegada a horario de los trenes urbanos había caído al 92% con respecto al 93.6% del año pasado.
"Reconozco que lo que proponemos es complicado, pero nuestros desafíos se han vuelto enormes", se despachó dando la cara el martes el Director Ejecutivo de la MTA, Elliot Sander, luego de la indignación generalizada que provocó la noticia.
Desbordada por el incremento imparable de la electricidad, el combustible y los insumos, y una deuda de varios cientos de millones de dólares que acumula desde la administración del gobernador Pataki, la MTA (Metropolitan Transport Authority) viene impulsando este aumento desde el año pasado, aunque hasta hoy con relativamente poco éxito. De lograr sostener la propuesta, el boleto de metro y autobús llegaría en enero a 2,25 dólares.
"Nada dentro del subterráneo es saludable", comenta Robert J. Reeves, un financista y asesor que vive en la ciudad desde hace apenas un año. "Por eso con mi mujer intentamos utilizar la bicicleta lo más posible. Claro, hay veces que no se puede".
Según los estudios de la comisión de transporte, la suba se ha hecho necesaria debido a que la ciudad y el estado no pueden mantener el ritmo de los subsidios que le venían enviando a la MTA, sobre todo tras el achicamiento de la economía local provocado por la crisis de las hipotecas y la caída o el retroceso de varios de los gigantes en Wall Street.
Stu Loeser, el portavoz del alcalde neoyorquino Michael Bloomberg, confirmó esta posición en un comunicado de prensa. "Los ciudadanos que pagan impuestos en la ciudad no están en posición de incrementar los subsidios de más de mil millones de dólares que ya le venimos brindando a la MTA desde hace tiempo", Por esto, dijo el vocero, es necesario encontrar junto con la MTA nuevas fuentes de capital, para reducir costos e incrementar los ingresos sin incurrir en subsidios.
Como parte del plan, sin embargo, la MTA propuso además mejorar su servicio, al incorporar un sistema de notificaciones, señalización y alertas. El sistema, en base a la tecnología celular de mensajes de texto, alertará a través de un millón de mensajes simultáneos en menos de cinco minutos a toda la red de usuarios, en el momento en que un desperfecto ocurra en un tramo de la red.
Las alertas comenzarán a emitirse en septiembre, seis meses antes del posible aumento en el boleto, y le costará a la MTA 120.000 dólares al año durante cinco años consecutivos.
Terra Magazine